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El problema de las oposiciones: el abandono del Estado de la Universidad

Desde un tiempo a esta parte, se han ido publicando noticias en los medios de comunicación sobre la necesidad de modificación del sistema de acceso a la Función Pública. Todo ello ha desembocado en un documento del Ministerio de Política Territorial y Función Pública,  que cita que ha recogido las aportaciones de determinado número de personas/autoridades, plasmándose en un trabajo llamado “Orientaciones para el cambio en materia de selección en la Administración General del Estado”.

Como elemento previo, destacar que la base del acceso a la Función Pública nace en el Siglo XIX para evitar que con cada cambio de gobierno que se produjese en España entrase en la Administración miles de personas afines a un partido político determinado. Así se creó una base funcionarial independiente e inamovible bajo las premisas de mérito y capacidad.

En el documento citado con anterioridad se hace mención a múltiples propuestas y medidas para conseguir que más personas (en especial estudiantes universitarios, ya que las oposiciones en las que no es necesario nivel universitario, no tienen problemas para encontrar aspirantes a las mismas) se interesen por el acceso a la Función Pública y, por lo tanto, la Administración pueda captar el talento existente en la sociedad.

Es triste darse cuenta de lo que piensan las autoridades de la Función Pública de las personas que aprueban una oposición. De las que dedican un mínimo de tres años de su vida a prepararlas y a ingresar en la Administración. No nos consideran que formamos parte de ese talento de la sociedad que buscan.

Como pinceladas previas a lo que considero la verdadera razón por la que va a ser muy difícil que estas propuestas puedan alcanzar o interesar al talento existente en la sociedad en la medida que los redactores del documento esperan, voy a lanzar unas preguntas para la reflexión:

¿Atraerá el talento reducir el tiempo que dura una oposición? Difícil, cuando una parte importante de ese retraso lo provoca la propia Administración, como, por ejemplo, el retraso en la publicación en el BOE de los opositores aprobados, entre otros casos.

¿Atraerá el talento acumular el número de exámenes en un mismo día? Difícil, ya que la dilatación entre exámenes beneficia al opositor ya que le permite estudiar parte de ese temario entre los exámenes y le permite llevar menos materia a cada examen.

¿Atraerá el talento las nuevas propuestas sobre la igualdad de género, minusvalía, etc.? Difícil, ya que la mayoría de los opositores que aprueban en este momento son mujeres, por lo que no cambiará la situación. Y en relación con las minusvalías ya hay plazas específicas destinadas a estos colectivos, sin competir con el resto de los opositores, que en los cuerpos superiores y medios no suelen cubrirse.

¿Atraerá el talento cuando no se dice nada sobre qué hacer con los opositores que suspenden?Difícilmente, ya que no se le apoya con medidas como conseguir o convalidar parte de un posible Master. Destacando que los organismos como INAP, IEF que forman a los opositores una vez aprobados tienen acuerdos con Universidades y no lo hacen. Este campo está siendo explorado por las academias privadas.

¿Atraerá el talento las menciones genéricas de ayudas económicas para los opositores?Difícilmente, para que puedan interesar, deben concretarse con mucha anticipación y saber que van a ser duraderas en el tiempo. Solo se mencionan ayudas para material. Pero no se analizan los problemas de concesión, cobro y devolución. Temas que, en el ámbito anglosajón, están muy desarrollados.

¿Atraerá el talento reducir, por ejemplo, el temario de 160 a 130 temas y unir los exámenes? Difícil, el opositor no se decide a opositar a los cuerpos superiores porque haya más o menos temas, sino por vocación o por el interés en el servicio público.

¿Atraerá el talento quitar exámenes orales en las oposiciones a los cuerpos superiores?Difícilmente, ya que el trabajo de éstos cuerpos, en buena parte, es de cara al público y necesitan las habilidades de exponer y hablar en público.

¿Atraerá el talento quitar la memoria en las oposiciones? Difícilmente, ya que en los cuerpos superiores es necesario en el día a día del trabajo tener ese conocimiento inmediato. ¿Es que no se le va a pedir a un Juez, Abogado del Estado o Inspector de Hacienda que tenga todos los conocimientos en la cabeza?

Evidentemente, algunas de las modificaciones pueden mejorar la situación de manera leve, pero en ningún caso resolverá el problema. Entonces, ¿cuál es el problema y la solución?

Hay que partir de la base de que la mayor parte de las oposiciones a las que hace mención el documento del Ministerio corresponden a los niveles superiores de la Administración, se nutren de universitarios que finalizan sus estudios.

Los que acudimos a la Universidad a promover el empleo público vemos que se ha inculcado en las cabezas de los universitarios la idea de “inmediatez”. El mundo actual va muy rápido y nadie se plantea, tras 4 años de grado y 2 de Master, empezar una oposición que puede llevarse por delante varios años de su vida, sin la seguridad de que se va a aprobar. Y cuando les decimos que la vida laboral es muy larga y merece la pena empezar una oposición recibimos miradas de incredulidad.

Y volvemos, ¿cuál es el problema y la solución para atraer el talento de la sociedad universitaria?

La causa más importante que veo es el abandono de la Universidad por parte de la Administración General del Estado. Esta Administración ha desaparecido, no está presente. Existe un Ministerio de Universidades totalmente ausente de la vida universitaria diaria. El hecho de que las competencias estén en manos de las CCAA ha dado lugar a desvincularse totalmente de la Universidad.

Poco a poco, la Administración General del Estado está desapareciendo de la vida social española en muchos ámbitos. Parece que trabaja en beneficio de los ciudadanos y en la mejora de su vida, pero no conecta con los ciudadanos a los que quiere beneficiar. Es un sistema parecido al Despotismo Ilustrado (todo para el pueblo, pero sin el pueblo…

La falta de presencia en la Universidad se plasma en múltiples aspectos como son:

  • La falta de sistemas de prácticas en la propia Administración y sus organismos
  • La falta de funcionarios que puedan dar clase en la Universidad, con trabas eternas por las incompatibilidades
  • La falta de visitas a la Universidad para presentar el trabajo que desarrolla la Administración.
  • La falta de visitas de universitarios a las propias instituciones públicas
  • La falta de participación en los foros de empleo
  • La falta de presencia de la actuación de la Administración en los temarios de las carreras universitaria

La pequeña presencia que se puede encontrar se hace de manera casi personal por parte de los funcionarios y de algunos organismos, pero nunca de manera general.

Esta ausencia provoca el desconocimiento de la Administración por parte de los universitarios y futuribles opositores. Y si no se conoce, no se interesarán por ella. Y si no se interesan, no opositarán. Y si no opositan, no se atraerá el talento. Difícil romper esa dinámica.

Es más, esta falta de conocimiento se puede extrapolar al resto de la sociedad, que tiene una idea a veces muy vaga de los que hace la Administración (al margen de médicos, bomberos, policías, etc.), ya que, a veces, lo que ve es que solo puede ser atendido por teléfono o por internet, o de forma muy limitada presencialmente; y que se instauran sistemas de ayuda e ingresos mínimos vitales y hay problemas; y también ve infinito número de asesores políticos en los gobiernos, etc.

Si realmente se quiere incentivar a los universitarios a opositar hay que llevar la Administración General del Estado a la Universidad: permitir las prácticas en nuestras oficinas, hacer visitas a nuestras oficinas, participar en los foros de empleo, modificar temarios para incluir qué se hace en la Administración en cada tipo de carreras, permitir la docencia, ayudar al opositor, permitir la obtención de un Master si suspenden, colaborar con las Fundaciones u obras benéficas de las Universidades, brazo con brazo de los universitarios,….etc. Todo esto ayudaría mucho más que reducir un número de temas o de exámenes, o poner más exámenes tipo test o debatir sobre las pruebas memorísticas.

Es hora de la que Administración General del Estado vuelva a la Universidad y a la sociedad.

 

Juan Miguel González García, Inspector de Hacienda del Estado

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Juan Miguel González García

Inspector de Hacienda del Estado

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