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Los youtubers, los nuevos deportistas de élite

En estos días diversos medios nacionales han recogido la noticia de que un muy famoso youtuber patrio ha fijado su residencia fiscal y, por ende, ha pasado a tributar en nuestro minúsculo territorio vecino, el Principado de Andorra. Al respecto, afirmaba el interesado que ya llevaba muchos años pagando impuestos en España, y que estaba cansado de hacerlo. Se unía así a una larga lista, en un primer momento formada esencialmente por deportistas de élite, sobre todo del mundo del motor, el tenis y el ciclismo, a la que en los últimos tiempos se han unido un sinfín de celebridades digitales, entiéndase youtubers, streamers, influencers o jugadores de póker online entre otros. Todos ellos han optado por fijar en algún momento de su carrera su residencia fiscal fuera de España con el objetivo de minorar su factura fiscal. 

A día de hoy, el Principado se ha convertido en un paraíso para estos nómadas digitales, que pueden realizar su trabajo de creación de contenidos en remoto desde cualquier lugar del mundo. De este modo, salvo contadas excepciones, los youtubers españoles más importante del momento son residentes en Andorra y pagan impuestos allí. 

El debate ha estado servido, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales, dando lugar a todo tipo de opiniones ya que cuanto menos tienen que soportar el juicio ético y moral paralelo que conlleva tal decisión. Si bien resulta lícito elegir el lugar del mundo en el que se desea residir, la cuestión es más controvertida cuando tal elección atiende a criterios de ahorro fiscal; es decir, que lo que realmente eligen es el territorio donde quieren tributar y para ello tienen que cumplir una pequeña penalización, ya que con carácter general la normativa tributaria exige pasar más de 183 días al año en Andorra. 

Estas nuevas celebridades – no podemos obviar – constituyen un claro referente para una gran parte de nuestros jóvenes y adolescentes, y protagonizan una huida fiscal que pone tristemente de manifiesto el fracaso de las políticas de educación cívico tributaria en nuestro país, con el perjuicio añadido del efecto imitación que sus comportamientos de cualquier tipo generan en sus ejércitos de seguidores. 

En España siempre hemos ido a la cola en cuanto a concienciación fiscal, nada que ver con nuestros vecinos del norte de Europa, pero también es cierto que hemos avanzado mucho en relación con dicha cuestión, desde aquella famosa campaña de comunicación “Hacienda somos todos“, allá por el año 1978. Desde ese tiempo hasta el día de hoy se ha incrementado de manera exponencial el cumplimiento voluntario de las obligaciones tributarias que le corresponden a cada individuo. 

Para ello, la Agencia Tributaria ha desplegado todo tipo de aplicaciones, programas, asistentes virtuales, y demás herramientas, que tratan de facilitar ese cumplimiento voluntario de las obligaciones tributarias establecidas. No podemos olvidar que los impuestos – como ya apuntó el magistrado estadounidense Oliver Wendell Holmes – son el precio que pagamos por vivir en sociedad. El reparto de los gastos comunes debe atender a los principios recogidos en la Constitución Española; es decir, capacidad económica, justicia, igualdad, progresividad y no confiscatoriedad. 

La responsabilidad entendida como un deber cívico 

En el fondo subyace un problema de concienciación fiscal, o lo que es lo mismo, el conocimiento y la responsabilidad entendida como un deber cívico. Estos creadores de contenido digital alardean en sus retransmisiones de conceptos tales como la sostenibilidad, la ecología o la solidaridad, términos muy trendy en la actualidad que, si bien les hacen engrosar su número de followers,  no se reflejan posteriormente en comportamientos como el analizado.

En estos tiempos de pandemia se ha puesto en valor la indiscutible necesidad de los servicios públicos. Su  mantenimiento y fortalecimiento se encuentra íntimamente ligado a un sistema tributario que recaude los ingresos necesarios para sostener el gasto público. El deber constitucional de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con la capacidad económica resulta clave en el ámbito tributario. 

La Unión Europea en su programa TAXEDU tiene como objetivo informar a los jóvenes europeos sobre los impuestos y como afectan a sus vidas ahora y en el futuro. En la misma línea, la Agencia Tributaria desarrolla su programa de educación cívico tributaria dirigido a niños en edad escolar y a jóvenes, porque formar y desarrollar esa conciencia fiscal es uno de nuestros retos y solo así se podrán combatir comportamientos moralmente reprobables.

Tener referentes mundiales en diferentes ámbitos como el mundo del deporte, la cultura o el contenido digital constituye un orgullo para todos, pero deberían ser un ejemplo también en lo referente a concienciación fiscal, contribuyendo a incrementarla cultura cívica y el bienestar del país.

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Raquel Cabrera Crisóstomo

Inspectora de Hacienda del Estado. Vocal de la Asociación Profesional del Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado

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