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Por qué han aumentado los ingresos tributarios más que el PIB

El comienzo de un nuevo año es siempre el momento oportuno para plantearse buenos propósitos, que ya veremos si somos capaces de cumplirlos. Como un buen padre de familia, el Estado hace sus propósitos para el año nuevo, a través del presupuesto, en el que se recogen todos los gastos e ingresos que afrontará durante el año, para brindar a la ciudadanía los servicios públicos necesarios.

El nuevo año es también la hora de analizar si lo previsto en el presupuesto del año pasado se ha cumplido, y si se han alcanzado los 214.995 millones de ingresos tributarios que la Ley de Presupuestos Generales del Estado 2021 (PGE) preveía (un 13% más con respecto al 2020).

A falta de los datos definitivos de diciembre, la AEAT ha divulgado que los ingresos acumulados hasta noviembre de 2021 ascendieron a 206.870 millones, aumentando un 14,9%, en relación al mismo periodo del año anterior, y un 4,6% si los comparamos con los once primeros meses de 2019. Por lo que, salvo que en el mes de diciembre haya una debacle fiscal, habremos superado con creces la cantidad presupuestada.

A ello ha contribuido el positivo comportamiento del PIB, pues tanto los datos de la Contabilidad Nacional del tercer trimestre de 2021, como las previsiones del Banco de España para todo el año, recogen una variación interanual positiva del PIB del 3,4%, y 4,5%, respectivamente. Pero hay que señalar que estos datos se refieren al PIB nominal, que no tiene en cuenta la inflación, la cual, después de marcar un diciembre histórico con un dato del 6,7% (la mayor cifra en tres décadas), cerrará 2021 entre un 3% y un 4%. Por lo que, probablemente el crecimiento del PIB nominal se acerque al 9%.

El resultado conjunto de un aumento de los ingresos del 14,9% y el incremento del PIB del 4,5% suponen que España será el país industrializado donde más crece el peso de la recaudación sobre el PIB, lo que empujará la presión fiscal a máximos históricos, aunque aún alejados de la de países como Dinamarca y Francia, con el 46,5% y el 45,4%, respectivamente.

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Pero que nadie se alarme porque la razón del alza no se debe a un aumento de los tipos impositivos, sino a que el PIB cayó más que los ingresos tributarios nominales.

Los datos anteriormente descritos nos llevan a una paradoja, y es que sin aumentar los tipos impositivos se está obteniendo un mejor resultado de ingresos, que duplica holgadamente el crecimiento real de la economía. Esta aparente paradoja tiene su explicación, que paso a comentar.

El principal motivo se encuentra en que el INE no publicita sus estimaciones del crecimiento nominal de la economíasino el PIB real, a precios constantes, que elimina el efecto de la inflación. Por el contrario, tanto las declaraciones tributarias como las estadísticas de la AEAT sobre ingresos recogen las transacciones a precios de mercado, que llevan implícito el efecto inflacionario. Por ello, el crecimiento nominal de la economía española en 2021 está en sintonía con la recaudación, como muestra el hecho de que la base imponible agregada de los principales impuestos creció hasta el tercer trimestre de 2021 un 12,4%. Esto se confirma con el análisis de las base imponibles del IVA, que reflejan la escalada de los precios, al contrario que el PIB real, que se ajusta para eliminar este efecto de subida de los precios. Además, las cifras tributarias del IVA están correlacionadas con el aumento en el consumo que la Contabilidad Nacional también refleja.

Una segunda razón para justificar este gap entre ingresos fiscales y PIB se debe a la evolución del tipo medio efectivo de los principales impuestos, que crece un 4,2%, fundamentalmente por el repunte del tipo en los pagos fraccionados del Impuesto sobre Sociedades y por la recomposición interna de las rentas de los hogares, con un peso cada vez menor de las prestaciones con tipo cercano a cero. Ello se debe, por un lado, al efecto inflación, que dispara los tipos marginales de los impuestos progresivos, y por tanto los ingresos; y por otro, por la inyección de recursos a través de las medidas de apoyo del Gobierno, reforzando indirectamente los ingresos, con el objetivo de reducir la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de empresas, y contribuyendo a caídas nominales de los ingresos fiscales más débiles que las registradas durante la última crisis financiera mundial de 2008.

En cuanto a si los numerosos cambios normativos y de gestión han podido influir en el volumen de ingresos, hay que descartarlo. En este sentido es cierto que los PGE-2021 incluían medidas como la subida del tipo en el Impuesto sobre Primas de Seguro (433 millones), los dos nuevos impuestos sobre Transacciones Financieras y sobre Determinados Servicios Digitales (454 millones entre ambos), y la modificación de la exención del artículo 21 en el Impuesto sobre Sociedades (55 millones). Todo ello ha supuesto unos ingresos adicionales por un importe de 1.338 millones. Pero también hay que tener en cuenta las medidas tributarias adoptadas en 2021 para rebajar el precio final de la electricidad, que hasta noviembre restaron ingresos por valor de 1.336 millones, desglosados en la rebaja del tipo del IVA del 21% al 10% para el consumo doméstico y otros consumidores con baja potencia instalada, la suspensión temporal del Impuesto sobre el Valor de la Producción Eléctrica y la reducción del tipo (del 5,11% al 0,5%) en el Impuesto sobre la Electricidad. Por ello, el efecto conjunto de los cambios tributarios no explica el repunte de los ingresos tributarios, ya que el efecto neto se ha limitado a una pequeña merma de ingresos de solamente 269 millones.

El tercer factor de peso en el aumento de los ingresos es el ligado al aumento de control tributario realizado por la Administración Tributaria en el marco de la lucha contra el fraude. Los planes anuales de control, unidos a la ejecución de un ambicioso plan estratégico plurianual comienzan a dar sus frutos. Aquí se tiene que notar los cada vez más meditados planes de inspección, que analizan millones de datos para detectar los contribuyentes de más probable fraude. También el acceso a uso masivo de la información, el análisis big data, los intercambios de información entre administraciones y países, el desarrollo de medidas legislativas anti-paraísos fiscales y clausulas antiabuso en operaciones trasfronterizas, el uso de datos cruzados y la mayor especialización de la AEAT. También el acierto del desarrollo de medidas que limitan el uso de efectivo, unido a la reducción de su uso propiciado por la pandemia han reducido el peso de los ingresos no declarados.

Por otra parte, todo el esfuerzo de los últimos años para potenciar el cumplimiento voluntario del contribuyente a través de campañas de ayuda para la elaboración de declaraciones y entrega de datos fiscales y borradores, la mejora en las aplicaciones informáticas de asistencia, la creación de las nuevas Administraciones Digitales Integradas han contribuido a mejorar la recaudación fiscal.

Estos dos ejes, han propiciado que España poco a poco está calando la conciencia fiscal. El caso de algún youtuber que se deslocaliza, escándalos de cantantes y famosos pillados in fraganti por Hacienda, los Papeles de Panamá, los Papeles del Paraíso, la escasa tributación de las multinacionales… han contribuido a un cierto rechazo hacia los que no pagan, y hacen ver al ciudadano que el fraude fiscal no es cool, y que los que defraudan nos están haciendo la puñeta a los que hacemos país y nos privan de servicios o de que éstos sean peores. Es curioso que todos ellos son los que más tienen, y cuando se les arrincona, se van … y recurren a la dignidad. También la lista de morosos, de la que parece que solo sirve para que los tertulianos de turno rajen, es una efectiva herramienta que suponen una fuente de ingresos, ya que muchos regularizan su deuda para salir de ella.

Todos estos factores explican esta aparente disfunción entre la evolución de la economía y de los ingresos públicos, y, lo que es muy importante, que en 2021 se ha cumplido con el mandato presupuestario con creces, y se ha recaudado incluso más de lo previsto.

En los PGE 2022 se estima que los ingresos tributarios asciendan a 232.352 millones de euros; ello supone un aumento del 8,1% respecto a la previsión de recaudación al cierre del 2021, en base a un escenario macroeconómico que prevé un crecimiento de un 6,5% del PIB en 2021 y del 7% en 2022. Aunque finalmente el crecimiento se quede en el 5,4%, que pronostica el Banco de España, es de esperar que el ritmo de los ingresos tributarios se mantenga, ya que el resto de indicadores parecen mejorar: la ejecución de los proyectos ligados al plan de recuperación, el dinamismo de la demanda, el efecto en los ingresos de la modificación de la exención del artículo 21 en el Impuesto sobre Sociedades operada en el 2021 que volcará sus efectos recaudatorios cuando se presente la liquidación anual en el 2022. También hay que valorar que algo dañino como el repunte de la inflación, desde el punto de vista de los ingresos públicos, generará un aumento de recaudación, debido a que los impuestos no suelen corregir estos efectos.

A pesar de que en 2022 tendremos que afrontar problemas como los vinculados al intenso crecimiento de los precios energéticos (en particular, de la electricidad), los efectos de la recuperación de la demanda sobre los precios de algunos servicios o la incertidumbre sobre la duración de las alteraciones observadas en las cadenas de suministros globales, hay motivos para pensar que en 2022 se cumplirán las precisiones de ingresos tributarios, máxime cuando todavía tenemos mucho que recuperar de la brutal recesión que tuvimos en 2020, con una actividad económica mínima en el segundo trimestre por el confinamiento.

Finalmente, no podemos terminar este análisis de la mejoría de los ingresos tributarios sin recordar que para que se cumplan las previsiones de crecimiento a medio y largo plazo es necesario afrontar una reforma fiscal seria y profunda – que ya está comprometida con la UE – aumentar los recursos humanos y materiales de la AEAT y dotarla de una estructura moderna adaptada a las necesidades que nos demanda la sociedad para que ahora más que nunca podamos alcanzar ese deseado axioma tributario de pagar entre todos nuestro estado del bienestar, y por supuesto, que aquellos que más tienen sean los que más contribuyan.

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