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SILICIE: ¿Transformación química o digital?

Estimado lector, si a primera vista este título le transporta a su época estudiantil, en concreto, a la tabla periódica de elementos químicos, acertaré al afirmar que sus intereses profesionales y personales discurren alejados del ámbito particular de los impuestos especiales.

Estos impuestos específicos recaen sobre el consumo de determinados bienes, configurando con el IVA nuestra tributación indirecta. Su importancia recaudatoria es elevada, ya que estos impuestos -incluyendo los medioambientales- disputan al Impuesto sobre Sociedades la tercera posición, por detrás del IRPF y el IVA.

Los impuestos especiales de fabricación, sobre el alcohol, los hidrocarburos y las labores del tabaco, son los decanos de esta imposición. Se caracterizan por una alta tributación, su armonización a nivel comunitario, y su finalidad extrafiscal, persiguiendo reducir determinados consumos no beneficiosos para el conjunto de la comunidad.

Como sociedad, estamos inmersos en un proceso de transformación digital, integrando las nuevas tecnologías en todos los ámbitos y la Agencia Tributaria, como organismo encargado de la aplicación efectiva del sistema tributario estatal y aduanero, no resulta ajena a dicho proceso, liderando la incorporación al mundo digital de las Administraciones Públicas.

La crisis sanitaria que padecemos ha actuado como elemento dinamizador de un proceso ya en marcha. La Agencia, desde su creación, apostó firmemente por una combinación de recursos humanos cualificados, elevado volumen de información disponible y unas herramientas informáticas que permitieran su adecuado tratamiento.

Esta inversión en medios humanos y materiales, incorporando la tecnología y las aplicaciones informáticas disponibles en cada momento, ha supuesto la consecución de diversos hitos, desde la primera versión del programa Padre – ayuda en la declaración de la renta- en 1988, hasta la más reciente creación de los mostradores virtuales, ADI -administración digital integral- en 2021.

Uno de los últimos en incorporarse ha sido SILICIE -suministro electrónico de los libros contables de impuestos especiales-, aunque en este ámbito, ya se venían aplicando herramientas virtuales en la emisión de los documentos de circulación que deben acompañar a estos productos.

La elevada carga impositiva que soportan este tipo de productos exige un control específico sobre las materias primas, los procesos y el producto terminado, el cual se ejerce in situ sobre determinadas actividades y locales, entre otros, bodegas, refinerías o fábricas de shisha. Se pone el foco en el producto en sí, especialmente cuando el mismo se encuentra en régimen suspensivo de imposición indirecta, sin IVA ni impuesto especial, o disfruta de algún beneficio fiscal como el gasóleo a tipo reducido.

monitor agencia tributaria

La implantación de SILICIE en 2021 ha supuesto varios retos, la conciliación de una contabilidad de existencias que atiende a las peculiaridades de los distintos sectores involucrados – valga citar como ejemplo la diferencia entre el proceso productivo en una fábrica de cerveza con el refino de los hidrocarburos-, y la incorporación al sistema de todos los establecimientos afectados, desde grandes empresas a pequeños elaboradores.

El tránsito a la llevanza electrónica ha implicado una depuración de los censos de establecimientos activos en los registros territoriales, con los efectos positivos que tal actualización conlleva, ya que la formación y el mantenimiento de un censo tributario preciso y riguroso resulta básico para el ejercicio de cualquier labor tributaria.

La incorporación a SILICIE comenzó para algunos establecimientos aplicados el 1 de enero de 2020, estableciéndose un régimen transitorio que tuvo que ser ampliado hasta el 15 de enero de 2021 como consecuencia de la pandemia. Transcurrido 2021 la llevanza electrónica de la contabilidad es una realidad para prácticamente todos los operadores obligados, que han dejado de presentar declaraciones informativas por el movimiento de estos productos.

La crisis energética provocada por la guerra de Ucrania ha puesto en valor, de forma inesperada, la transformación contable acaecida. El Real Decreto Ley 6/2022 aprueba, entre sus medidas, la bonificación extraordinaria y temporal del precio de determinados productos energéticos, 20 céntimos por litro de producto suministrado al consumidor final.

Cualquier consumidor final de este tipo de productos: gasolina, diésel, gasóleo B, gas para propulsión de vehículos, gasóleo marino o aditivo Adblue, hemos notado el efecto de esta medida, su reflejo en la factura o tique de compra, si bien es cierto que ha tenido menor impacto del esperado, ya que la continua subida de precios en el sector se ha “merendado” la bonificación.

La bonificación se calcula sobre los litros o kilogramos de producto suministrado por los colaboradores, que son quienes realizan el descuento sobre el precio de venta al público en cada suministro, entiéndase principalmente, estaciones de servicio e instalaciones que realizan venta directa a los consumidores finales.

El Gobierno ha encomendado la tramitación de estas devoluciones a la Agencia Tributaria, al Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales, indicándole que, deberá efectuar la misma, previa comprobación de la consistencia de la información de suministro de combustible. El análisis de consistencia supone determinar que las solicitudes se ajustan a la realidad del producto entregado, para lo cual, ha resultado ser una leal colaboradora nuestra contabilidad electrónica de hidrocarburos, junto con la información suministrada por los sistemas de control establecidos en la circulación de estos productos, EMCS, SIANE, nos han proporcionado de forma precisa y ágil, los datos de contraste necesarios para poder acometer la tarea asignada con garantías.

La reflexión académica inicial nos condujo hasta el silicio, el segundo elemento químico más abundante en la corteza terrestre, muy relevante para la industria informática al estar omnipresente en los procesos computacionales, en cualquier sistema que requiera de un chip. Además de imprescindible en la transformación digital, da su nombre al sitio donde todo comenzó, Silicon Valley, fabricando chips de este material, demostrando que la transformación química y digital no son tan excluyentes como pudiera parecer.

Raquel Cabrera Crisóstomo, Inspectora de Hacienda del Estado

*Las opiniones de los autores que publican en «NO SÓLO IMPUESTOS» son de carácter personal y no tienen por qué coincidir con las opiniones de IHE.

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