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El cuaderno gris de la reforma tributaria

El jueves pasado se presentó el denominado ”Libro blanco sobre la reforma tributaria”. Para ello se seleccionó a un “Comité de personas expertas para elaborar” el citado libro.

El objetivo era ambicioso, cumpliendo el mandato de la Resolución de la Secretaría de Estado de Hacienda 12 de abril de 2021, su tarea era nada menos que elaborar “Un sistema fiscal para el siglo XXI”. Casi un año después, se ha presentado un documento de cerca de 800 páginas sobre el que voy a intentar trasladar alguna de mis primeras opiniones, sin perjuicio de un análisis más exhaustivo.

En primer lugar, una de las tareas fundamentales que debe cumplir el Derecho tributario es garantizar el mandato contemplado en el artículo 31 de la Constitución que transcribo:

“Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo, inspirado en los principios de igualdad, progresividad y que, en ningún caso, tendrá un alcance confiscatorio”

De dicho precepto se extraen los principios fundamentales del sistema tributario: capacidad económica, igualdad, progresividad y no confiscatoriedad.

Comparto con “las personas expertas” la necesidad de crear un sistema fiscal, lo que implica que no se cumple la primera condición, es decir, la existencia de un verdadero sistema tributario justo. Quisiera centrarme en lo más relevante del informe.

Para ello, no puedo obviar una apreciación previa, la referida a la selección de los expertos. Aunque se trata de personas de reconocida valía, cualificación técnica y conocimientos teóricos, desde mi humilde opinión echo en falta profesionales dedicados a la práctica profesional en el ámbito tributario. Entiendo que, al menos, debería haber habido una representación de los inspectores de hacienda como encargados de la aplicación del sistema tributario.

Por otra parte, la Resolución explica los objetivos del libro blanco: “la futura reforma tributaria debe adecuarse a la realidad económica del siglo XXI, y garantizar un sistema tributario “más equitativo, progresivo, justo y que incorpore la fiscalidad medioambiental, digital y la perspectiva de género”. Se trata, con ello, de “sentar las bases para una reforma tributaria estructural a medio y largo plazo que modernice y aumente la eficiencia del sistema tributario de nuestro país”.

Como dije al principio, pretendo únicamente compartir algunas opiniones, y aunque coincido con algunas de las propuestas, algunas obvias como la de incrementar la fiscalidad ambiental y eliminar de una vez, el obsoleto régimen de módulos, mi conclusión debe ser negativa sobre el conjunto del informe.

De hecho, mi opinión (e imagino que la de la mayoría de personas neutrales) está mucho más cerca de la mostrada por dos de los integrantes del Comité, los señores Carlos Monasterio Escudero (Universidad de Oviedo) e Ignacio Zubiri Oria (Universidad del País Vasco) que fueron designados para integrar el comité de expertos, grupo que decidieron abandonar por discrepancias.

“Sin embargo, después de leer el texto del informe hecho público el pasado 3 de marzo por el Ministerio de Hacienda, la impresión que se saca es la de una abundancia de «sutileza» teórica y la escasez de propuestas concretas y bien fundadas, en orden de relevancia, para mejorar algún aspecto esencial de nuestro sistema fiscal. Lo primero que destaca, después de la lectura del documento, es que, pese a señalar que «una tarea imprescindible, para el próximo futuro, es la de revisar la estructura del sistema tributario, excesivamente concentrado en la tributación de las rentas de trabajo», luego no propone ninguna medida concreta respecto al IRPF, principal impuesto sobre las rentas salariales, que afecta a 22 millones de contribuyentes. “

He de recordar que el tipo marginal del IRPF es cercano al 50% en muchas de las Comunidades Autónomas. No parece lógico que no se adopte ninguna medida en favor del asalariado medio, el que percibe 23.000 euros y tiene uno o dos hijos.

Hay medidas que me sorprenden y me plantean aún más rechazo, como la resurrección de la idea de eliminar la tributación conjunta y la propuesta de aumentar el tipo máximo de gravamen conjunto del Impuesto de Patrimonio y del IRPF (¡Al 70%¡).

No quiero aburrir más, solo destaco que, después de un año, la propia maestra de ceremonias, la ministra de Hacienda, en lugar de felicitar a los catedráticos con la matrícula cum laude, ha suspendido dicha labor, anunciando que de momento no se va a aplicar. (No era una reforma tributaria estructural a medio y largo plazo, me pregunto.)

El libro blanco consta de casi ochocientas páginas, y, lejos de aclarar, creo que solo ha logrado un leve tono gris, de ahí que antes de emprender la ingente lectura permítanme recomendarle la grisura de uno de los maestros de la literatura catalana, el gran Josep Pla.

Su “Quadern gris”, obra de novecientas páginas que obtuvo el Premio Crítica Serra d’or de literatura y ensayo de 1967, goza de una belleza lírica extraordinaria y representa una de las mejores manifestaciones de la literatura de diarios, poco conocida y en la cual hay auténticas joyas.

Desde este modesto artículo, me permito recomendar que dediquen su tiempo a la lectura de autores como Cesare Pavese, Franz Kafka, Tolstoi, Virginia Woolf, y entre los más recientes, a Andrés Trapiello, Eduardo Laporte y Rafael García Maldonado.

Pablo Fernández Miser

Inspector de Hacienda del Estado. Autor de los libros «El abogado del Porsche» y «El secreto del éxito en las oposiciones»

IHE
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